Querido Lester:
Te escribo dentro de esta
habitación agraciada, situada en alguna callejuela de Milán. Es medio día y
contemplo a través de las ventanas
aquel conjunto de leyes, buscando unicidad, abriéndose paso a una teoría definitiva. Estoy a punto de
terminar este escrito y necesito
que lo leas, al ser tú el único capaz de entender el rumbo que cierto día tomé en mi vida
¿Estarás preparado para ello?
Hermano mío, rodeando la torre Gálata pude comprender el
significado de mi código. Aquel misterio que permaneció como sombra entristecedora
de tus días, perturbando tu niñez, derribando la familia. ¿Seré acaso capaz de
concebir tanta desdicha?
Cierto día desperté y
encontré aquella lucidez tan
anhelada. Aquella muestra de resilencia personal me ayudó a resolver este embrollo, obligándome a aniquilar a
mi yo más íntimo. Creía vivir con un tirano medieval sobre mi cabeza y de
pronto descubrí que vivía bajo la autoridad de un tirano quien residía dentro
mío. Aquel enemigo que había permanecido omnipresente en mis actos e ideas más lustres.
Por un segundo pensé que todo había terminado, que, junto al enemigo abrumador, mi pensamiento perdía poder, pero la
vida me da una oportunidad. Al
modificar mi memoria, me percaté de datos que no cuadraban ¿Cómo puede uno
retroceder en el tiempo y experimentar épocas distintas? Menuda locura. Hoy te mostraré el motivo de la
disección de mi dedo anular izquierdo, de mi adhesión a rituales poco
ortodoxos. La razón que explica mi existencia.
Recorrí años rodeado de acontecimientos, gente,
lugares, sonidos y objetos desconocidos. La ciudad de Damasco, llena de
cruzadas, armaduras ingeniosas y variedad de bombas. La cúpula de roca, el gran
templo islámico, colmado de historias cada vez más increíbles. Jerusalén, Saladino,
bibliotecas y asesinatos. Para agrado o no, nunca estuve solo, no recuerdo si
fui reclutado o naci ahí pero permanecí dentro de una hermandad que
luchó por el libre pensamiento, ya que es lo que permite el progreso de nuevas
ideas y el crecimiento de la individualidad. Intenté descubrir la paz que me
garantizaron, sin embargo nunca encontré cabida en ellos.
Aquello que nació dentro
mío no puede morir, está protegido por alguna especie de fuerza sobrenatural
extrahumana. Día y noche se cruza por mi camino mostrándome la decrepitud
adjunta en cada realidad. Saca a luz mis debilidades más temibles, intenta
mostrarme la muerte en tanta belleza. Pero aprendí a vivir con esto. Con el
enemigo universal. En las
siguientes líneas te entregaré mi debilidad y mi fortuna
“Nada es verdad, todo está
permitido”.
